03. 'Carmilla' de Jospeh Sheridan Le Fanu






Obra: Carmilla
Autor: Joseph Sheridan Le Fanu
Género: Narrativo (novela)
Dimensiones: 12.5 x 20 cm.
Páginas: 80
Lectores: A partir de los 14 años
Costo: S/. 10.00








DESCRIPCIÓN
Laura es una joven que vive con su padre y unos criados en un antiguo castillo en las lejanías de Estiria. Delante del castillo donde viven, un carruaje sufre un accidente y la dama y su hija, que viajaban en él, se instalan en el castillo hasta que puedan emprender, de nuevo, el viaje. Laura y la joven, Carmilla, traban amistad rápidamente, a pesar de que la nueva inquilina muestra rarezas en su comportamiento: se despierta después de mediodía y se encierra en su cuarto sin dar señales de estar en él. Es ahí donde se inician los intricados de esta obra literaria, obra maestra del género vampírico.

  

SOBRE EL AUTOR
Joseph  Sheridan  Le Fanu (Irlanda, 1814 – 1873)
Este escritor irlandés se crió dentro de una familia acomodada. Le Fanu comienza una carrera literaria como colaborador de la Dublín University Magazine. En 1843 contrae matrimonio con Susana Bennett, quien sería su única esposa. Su primera novela, The Cock and Anchor, aparece en al año 1845. En 1858 ocurre un hecho que cambiaría su vida: su esposa muere, lo que genera al escritor una aversión al mundo exterior, encerrándose en su hogar solo para escribir. En esta época escribe sus narraciones más oscuras, entre ellas se encuentra la novela Tío Silas (1864), La rosa y la llave (1871), y la muy celebrada colección En un vidrio misterioso (1872), que contiene Carmilla, Té verde y El conocido, famosas narraciones donde suceden enigmáticos hechos aparentemente convocados por una oscura culpa.
       Se ha llegado a afirmar que Le Fanu es el padre del cuento de fantasmas irlandés en época victoriana.
       Fallece en 1873.

  

UNA PEQUEÑA TAJADA
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(…)


El primer acontecimiento que me produjo una terrible impresión y que aún ahora sigue grabado en mi mente, es al propio tiempo uno de los primeros sucesos de mi vida que puedo recordar.
La nursery, como la llamábamos, aunque era sólo para mí, estaba en una habitación grandiosa del último piso del castillo, y tenía el techo inclinado, con molduras de madera de castaño. Tendría yo unos seis años cuando una noche, despertándome de improviso, miré a mi alrededor y no vi a la camarera de servicio. Creí que estaba sola. No es que tuviera miedo... Pues era una de aquellas afortunadas niñas a quienes se ha evitado expresamente las historias de fantasmas y los cuentos de hadas, que vuelven a los niños temerosos ante una puerta que chirría o ante la sombra danzante que produce sobre la pared cercana la luz incierta de una vela que se extingue. Si me eché a llorar fue seguramente porque me sentí abandonada; pero, con gran sorpresa, vi al lado de mi cama un rostro bellísimo que me contemplaba con aire grave. Era una joven que estaba arrodillada y tenía sus manos bajo mi manta. La observé con una especie de placentero estupor, y cesé en mi lloriqueo. La joven me acarició, se echó en la cama a mi lado y me abrazó, sonriendo. De repente, me sentí calmada y contenta, y me dormí de nuevo.
De súbito, me desperté con la escalofriante sensación de que dos agujas me atravesaban el pecho profunda y simultáneamente. Proferí un grito. La joven dio un salto hacia atrás, cayendo al suelo, y me pareció que se escondía debajo de la cama.
Por primera vez, sentí miedo y me puse a gritar con todas mis fuerzas. La niñera, la camarera y el ama de llaves acudieron precipitadamente, pero cuando les conté lo que me había ocurrido estallaron en risas, a la vez que trataban de tranquilizarme. Aunque yo era una niña, recuerdo sus rostros pálidos y su angustia mal disimulada. Las vi buscar debajo de la cama, por todos los rincones de la habitación, en el armario y oí a mi ama susurrar a la niñera:
¡Mira! Alguien se ha echado en la cama, junto a la niña, aún está caliente.
Recuerdo que la camarera me acarició y que las tres mujeres examinaron mi pecho, en el punto donde yo les dije que había sentido la punzada. Me aseguraron que no se veía ninguna señal.
El día siguiente lo pasé en un continuo estado de terror: no podía quedarme sola un instante, ni siquiera a plena luz del día.
Recuerdo a mi padre junto a mi cama, hablándome en tono festivo, así como preguntando a la niñera y riéndose de sus respuestas. Luego hacía muecas, me abrazaba y me aseguraba que todo había sido un sueño sin importancia.
Pero yo no estaba tranquila, porque sabía que la visita de aquella extraña criatura no había sido un sueño.
He olvidado todos mis recuerdos anteriores a este acontecimiento, y muchos de los posteriores, pero la escena que acabo de describir aparece vívida en mi mente como los cuadros de una fantasmagoría surgiendo de la oscuridad.


(…)



02. 'La dama pálida' de Alejandro Dumas





 
 
Obra: La dama pálida
Autor: Alejandro Dumas
Género: Narrativo (novela corta)
Dimensiones: 12.5 x 20 cm.
Páginas: 64
Lectores: A partir de los 10 años
Costo: S/. 10.00

 
 
 
 
 
 
 
 

DESCRIPCIÓN
Una joven solitaria emprende un viaje lejos de su pueblo. En el transcurso, es secuestrada por dos hermanos; uno de ellos la cautiva desde el primer momento. Es llevada a un bellísimo castillo donde los hermanos iniciarán una silenciosa batalla por el amor de la muchacha, mientras que ella es visitada todas las noches por una presencia espectral. Se descubrirá así la maldición que oculta la familia de los jóvenes, una maldición que se remonta a los principios de la era vampírica. En esta obra, Dumas crea un ambiente donde se mezclan perfectamente el amor y lo gótico.
 
SOBRE EL AUTOR
Alejandro  Dumas (padre) (Francia, 1802 – 1870)
Su educación fue más basada en las lecturas, especialmente de aventuras de los siglos XVI y XVII, que realizó con profusión mientras trabajó con el Duque de Orleans, en París. Era también un asiduo concurrente a las representaciones teatrales y sus primeros escritos fueron obras de teatro. Escribió en este género, Enrique III y su corte, en 1829, y la pieza romántica Cristina, en 1830; ambas de gran éxito en las tablas de la época.
       Fue un escritor muy prolífico; publicó alrededor de 1.200 volúmenes, aunque se supone que muchas de ellas fueron escritas en colaboración con otros escritores menores. Pero la mayor fama en la literatura romántica francesa la alcanzó con sus novelas históricas Los tres mosqueteros (1844) y El conde de Montecristo (1844).
       Fue nombrado como Dumas padre puesto que su hijo tenía el mismo nombre y también fue escritor.
       Obtuvo por sus publicaciones enormes ingresos, pero apenas alcanzaban a pagar sus frívolos gastos, lo que lo llevó a terminar sus días prácticamente en bancarrota.
       Murió el 5 de diciembre de 1870.

 

UNA PEQUEÑA TAJADA
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(…)
 

De pronto se oyó la detonación de un arma de fuego y el silbar de una bala. La canción quedó interrumpida, y el guía, herido de muerte, se precipitó al abismo, mientras su caballo se detenía temblando y tendiendo la inteligente testa hacia el fondo del precipicio, donde desapareciera su dueño.
Al mismo tiempo, se levantó por los aires un grito estridente, y sobre los flancos de la montaña vimos aparecer una treintena de bandidos: estábamos completamente rodeados.
Cada uno de los nuestros empuñó un arma, y bien que tomados inopinadamente, mis acompañantes, como que eran viejos soldados avezados al fuego, no se dejaron intimidar, y se pusieron en guardia. Yo misma, dando el ejemplo, empuñé una pistola, y conociendo bien cuan desventajosa era nuestra situación, grité:
—¡Adelante!
Di con la espuela a mi caballo que se lanzó a toda carrera hacia la llanura.
Pero teníamos que vérnoslas con montañeses que brincaban de roca en roca como verdaderos demonios de los abismos, que aun saltando, hacían fuego, manteniendo a nuestros flancos la posición tomada.
Por lo demás, nuestro plan había sido previsto. En un punto donde el camino se ensanchaba y la montaña se allanaba un poco, aguardaba nuestro paso un joven a la cabeza de diez hombres a caballo. Cuando nos vieron, pusieron al galope sus cabalgaduras, y nos asaltaron de frente, mientras aquellos que nos perseguían bajaban saltando en gran cantidad, y cortada de tal modo nuestra retirada, nos rodeaban por todas partes.
La situación era grave; sin embargo, acostumbrada desde niña a las escenas de guerra, pude apreciarla sin que se me escapara una sola circunstancia.
Todos aquellos hombres, vestidos de pieles de carnero, llevaban inmensos sombreros redondos, coronados de flores naturales al modo de los húngaros. Cada uno de ellos manejaba un largo fusil turco, que agitaban vivamente luego de haber disparado, dando gritos salvajes, y en la cintura portaban un sable corvo y dos pistolas.
Su jefe era un joven de apenas veintidós años, de tez pálida, de ojos negros y cabellos ensortijados que le caían sobre las espaldas. Vestía la casaca moldava guarnecida de piel y ajustada al cuerpo por una faja con listas de oro y seda. En su mano resplandecía un sable corvo, y en su cintura relucían cuatro pistolas. Durante la lucha daba gritos roncos e inarticulados que parecían no pertenecer al habla humana, y sin embargo eran una eficaz expresión de sus deseos, pues a aquellos gritos obedecían todos sus hombres, ora echándose a tierra boca abajo para esquivar nuestras descargas, ora levantándose para disparar a su vez, haciendo caer a aquellos de nosotros que aún estaban de pie, matando a los heridos, haciendo de la lucha una carnicería.
Yo había visto caer uno después del otro los dos tercios de mis defensores. Cuatro estaban aún ilesos y se apretaban a mi alrededor, no pidiendo una gracia que tenían la certidumbre de no conseguir, y pensando sólo en vender la vida lo más cara que fuese posible.
Entonces el joven jefe dio un grito más expresivo que los anteriores, tendiendo la punta de su sable hacia nosotros. En verdad aquella orden significaba que debía rodearse nuestro último grupo de un cerco de fuego y fusilarnos a todos juntos, pues de un golpe vimos apuntarnos todos aquellos largos mosquetes.
Comprendí que había llegado la hora final. Alcé los ojos y las manos al cielo, murmurando una última plegaria, y aguardé la muerte.
En ese instante vi, no descender sino precipitarse de peña en pena, un joven que se detuvo enhiesto sobre una roca que dominaba la escena, semejante a una estatua en un pedestal, y, extendiendo la mano hacia el campo de batalla, pronunció esta sola palabra:
—¡Basta!
Todas las miradas se volvieron a esa voz, y cada uno pareció obedecer al nuevo amo.
Sólo un bandido apuntó de nuevo su fusil e hizo el disparo. Uno de nuestros hombres dio un grito; la bala le había roto el brazo izquierdo. Se volvió al punto para lanzarse sobre el que le hiriera, pero aún no había hecho cuatro pasos su caballo, que un relámpago brilló por encima de nosotros y el bandido rebelde cayó herido por una bala en la cabeza...
 

(…)

 

 

 

01. 'La puerta abierta' de Margaret Oliphant




Obra: La puerta abierta
Autor: Margaret Oliphant
Género: Narrativo (novela)
Dimensiones: 12.5 x 20 cm.
Páginas: 78
Lectores: A partir de los 12 años
Costo: S/. 10.00








DESCRIPCIÓN
En 'La puerta abierta' el misterio gira en torno al ruinoso frontis de una antigua mansión en el que se abre el hueco de una puerta solitaria que el tiempo ha despojado de todo significado y que ya no conduce a ninguna parte. Una angustiada voz que gime y suplica ante esa puerta es el único indicio de una tragedia que se renueva a lo largo del tiempo y que, tal vez, ha quedado grabada en el oculto corazón de la naturaleza. Una obra maestra del terror clásico inglés.



SOBRE EL AUTOR
Margaret  Oliphant (Inglaterra, 1828 – 1897)
Prolífica novelista inglesa. Escribió algunas novelas de corte costumbrista en las que logró memorables retratos de la vida provinciana en la Escocia de su tiempo, y tres magistrales narraciones fantásticas.
       Con el tiempo, logró convertirse en una escritora muy popular. Sin embargo, su vida familiar fue muy infortunada: en enero de 1864 moría su única hija en Roma; su hijo mayor, Cyril Francis, escritor, murió en 1890, dejando una Vida de Alfred de Musset, que la madre incorporó a su propia obra Foreign Classics for English Readers; el hijo menor, Francis ("Cecco"), colaboró con ella en Victorian Age of English Literature y consiguió colocarse en el British Museum, pero murió en 1894. Este golpe fue muy duro para Oliphant, que perdió todo interés por la vida. Su salud declinó rápidamente, muriendo en Wimbledon, Londres, el 25 de junio de 1897.


UNA PEQUEÑA TAJADA
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(…)


Yo me encontraba en Londres cuando los incidentes comenzaron. En Londres, un hombre que ha pasado tantos años en la India se sumerge de nuevo en la trama de interés con los que toda su vida anterior ha estado relacionada y tropieza con viejos amigos a cada paso.
Había estado divirtiéndome con media docena de ellos, y disfrutaba tanto del retorno espiritual a mi antigua forma de vida —aunque, a decir verdad, tampoco me desagradó el hecho de haberla dejado atrás—, que desatendí la correspondencia con mi familia. Lo cierto es que había estado de viernes a lunes en la casa de campo del viejo Bembow; y, después, en el viaje de regreso, hice una parada para cenar y dormir en el Sellar, lo cual no me impidió echar un vistazo a las cuadras de Cross, y esto me ocupó otro día. Siempre es peligroso descuidar la correspondencia; en esta vida transitoria, como dice el libro de oraciones, ¿quién puede prever lo que va a suceder? Todo estaba en orden en casa. Sabía exactamente —eso creía yo— lo que me dirían las cartas: «El tiempo ha sido tan bueno que Roland no ha tenido que coger el tren ni una sola vez, y disfruta como nadie con los paseos a caballo.» «Querido papá, seguro que no te olvidarás de nada, pero tráenos esto, y esto, y lo de más allá...»; en fin, una lista tan larga como mi brazo. ¡Mis queridas niñas y mi adorable esposa! No quería olvidarme de sus encargos, o perder sus delicadas cartas, así estuviera el mundo repleto de Bembows y Crosses.
Pero yo estaba convencido de que en mi casa reinaba el bienestar y la tranquilidad.
Cuando regresé al club, sin embargo, tres o cuatro cartas me estaban esperando, y observé que alguna de ellas llevaba el sello de «urgente», «entrega inmediata»; ese sello que la gente ansiosa y pasada de moda cree —todavía— que ejercerá alguna influencia en la oficina de correos y acelerará los trámites de envío. Estaba a punto de abrir una de ellas, cuando el conserje del club me trajo dos telegramas; uno de los cuales, dijo, había llegado la noche anterior. Como se puede suponer, abrí el último, y esto fue lo que leí: «¿Por qué no vienes, o contestas? ¡Por el amor de Dios, ven! Roland ha empeorado.»
Para un hombre que sólo tiene un hijo, un hijo que es la niña de sus ojos, una noticia semejante no puede sino fulminarle como un rayo.
El otro telegrama, que abrí con manos temblorosas, desperdiciando un tiempo precioso por mi precipitación, estaba escrito en los mismos términos: «No mejora; el doctor teme una fiebre cerebral. No permitas que nada te retrase.» Lo primero que hice fue consultar los horarios y comprobar si había algún medio de regresar a casa más rápido que el tren nocturno, aunque sabía muy bien que no era posible.
Entonces leí las cartas (Dios me perdone), y en ellas se explicaban los detalles con toda claridad. Me contaban que el muchacho tenía desde hacía algún tiempo un aspecto muy pálido y un aire asustado. Su madre lo había notado antes de mi partida, pero no quiso decirme nada para no alarmarme. Este aspecto se había agravado gradualmente, hasta que un día lo vieron llegar a casa galopando frenéticamente, con el pony jadeando y echando espumarajos por la boca. El propio Roland estaba «tan pálido como una mortaja», y tenía la frente bañada en sudor. Durante mucho tiempo se negó a contestar a las preguntas; pero entre tanto se habían operado unos cambios tan extraños en su conducta —su creciente desgana por ir a la escuela, el deseo de que fueran a buscarlo en coche (un lujo absurdo), su aversión a salir fuera de casa, sus sobresaltos nerviosos ante cualquier sonido inesperado—, que su madre se vio obligada a exigir una explicación. Cuando el muchacho —nuestro pequeño Roland, que hasta entonces no había conocido el miedo— empezó a contarle que había oído voces en el parque y que se le habían aparecido sombras entre las ruinas, mi esposa lo metió inmediatamente en la cama y avisó al doctor Simson, que, evidentemente, era lo único que se podía hacer.
Como se puede suponer, abandoné la ciudad aquella misma noche, con el corazón en un puño. No sería capaz de explicar de qué forma soporté las horas que precedieron a la salida del tren. Sin duda debemos estar agradecidos por la rapidez que ofrecen los trenes cuando tenemos prisa, pero para mí habría sido un consuelo partir en un coche de postas en cuanto los caballos hubieran estado preparados. Llegué a Edimburgo muy temprano, en la oscuridad de una mañana de invierno, y ni siquiera me atreví a mirarle a la cara al hombre que había venido a buscarme.
—¿Qué noticias hay? —le pregunté sin apenas tomar aliento.
Mi mujer había enviado el coche, por lo que deduje, antes de que el hombre me contestara, que aquello era una señal de mal agüero. Su respuesta fue la típica respuesta que permite que la imaginación se desborde:
—Exactamente igual.
¡Exactamente igual! ¿Qué demonios podía significar eso?
Tenía la impresión de que los caballos se arrastraban por el largo y sombrío camino. Cuando atravesábamos el parque me pareció escuchar una especie de lamento entre los árboles, y apreté los puños, amenazando con rabia al que los había producido, quienquiera que fuese. ¿Por qué había permitido la estúpida guardesa que alguien viniera a perturbar la tranquilidad del lugar? Si no hubiera estado tan ansioso por llegar a casa, habría parado el coche y habría ido a ver qué clase de vagabundo había entrado y escogido mis terrenos, entre todos los terrenos del mundo —¡y precisamente cuando mi hijo estaba enfermo!— para gemir y lamentarse a su antojo. Al menos no tenía motivos para quejarme de que fuéramos despacio. Los caballos corrieron como centellas a lo largo de la avenida y se pararon delante de la puerta, jadeantes, como si hubieran participado en una carrera. Mi mujer me estaba esperando en la puerta con una candela en la mano, que la hacía parecer todavía más pálida de lo que estaba cuando el viento agitaba la llama de un lado a otro.
—Está durmiendo —me dijo con un susurro, como si temiera despertarlo.


(…)



Colección 'La puerta abierta'


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Margaret Oliphant
 
Alejandro Dumas
 
Joseph Sheridan Le Fanu

02. 12 GRAMOS (antología poética)






OBRA: 12 GRAMOS (antología poética)
AUTOR: Selección de Oscar Ramirez
GÉNERO: Poesía
DIMENSIONES: 11 x 17 cm.
PÁGINAS: 32
DEPÓSITO LEGAL BNP: N° 2012-11994

 




 

 

SOBRE EL AUTOR

 
 

 

UNA PEQUEÑA TAJADA
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ALGUNAS PALABRAS CARENTES DE POESÍA
(a manera de prólogo, o algo así…)
 

Las letras giran sin medir tiempos y distancias, sin buscarse en pretextos que argumentan fisuras, grietas, vacíos que el común denominador sabe aceptar con desaire, agrupando nombres y títulos sin mayor interés que la mediocridad.
       Muchas veces, una antología se escribe a partir de hilos temáticos, grupos generacionales o absurdas cuestiones de género, lo cual delimita el único y verdadero elemento común: la poesía.
       12 GRAMOS surge como idea en la cual diversas voces, sin pretextos de edad o universos poéticos, ocupen un crisol que difunda lo que se viene haciendo a gritos o en silencio.


Oscar Ramirez
Trujillo, octubre de 2012

 



RAÚL HERAUD


Muerte y decapitación de un hombre sin fe

Cuesta abajo en el sendero de la calavera
donde la vida es una maldición que los hombres soportan
un ángel apareció entre la mierda
besó los esperpentos a pesar de estar condenados
los amó aun sabiendo que el amor nada podía
el ángel lavó con vinagre mis heridas
posó sus alas y su viejo cuerno
sobre mis ojos de sapo disecado
nos habló sobre hombres que destejen sus vidas
abandonándolas como trapos inservibles
como raídos envoltorios huecos
todos guardamos silencio por vergüenza
lloramos en vano ante las entrañas de Sísifo
nada de lo que hicimos valió nuestra salvación
fuimos lanceados y apedreados
expulsados de la vida por hombres de fe
ante la llegada de la muerte
dios fue una piedra que tuve que cargar inútilmente
mañana después de mi decapitación
mi cuerpo será incendiado y arrojado a los perros
no escucharé llantos de mujeres ni vendrán putas golpeándose el pecho
solo habrá una lapida sin nombre a la que vendré a llorar yo mismo.




WILLY GÓMEZ MIGLIARO


La caída azul sin fondo

Arrastran juguetes sobre la hierba del jardín 
Caída de la lluvia o una taza desportillada
Así vino mi niñez el amor & Apurímac
Con festival de toros & pachamanca
Yo era triste como Ernesto de los ríos profundos

Llamé a tu madre Isabel en Magdalena
Con el negro borracho a ultrajar un deseo
Presa la hija en el amor de Migliaro
& más allá la escuela pública del héroe nacional

Ellos fueron los niños malos los niños tristes
Ven ángel andino afuera tu mulisa me duele
Y si fue así el amor de dios fue así el corte
De la Sierra Central para deformar Sicilia

Distancias en la radio a la hora de los signos
Del Tauro específicamente matinal
Cuando salía la dama del sesenta
A mí la forma me dolía la muerte 
De mi padre en la Federación Gráfica

Rezar como si hicieran mías las campanas
Pertenecer a la playa quemaba oscuridad
Traía rincón más tarde ajustes de cuentas
O marcas para mi corte fino en los brazos

Detención del dolor ahora una mujer que amo
Con el tiempo otros signos oscuros debo pulir




CZAR GUTIÉRREZ


[un_hemisferio_en_tu_pelo]: déjame respirar mucho mucho tiempo el olor de tu pelo sumergir mi rostro como un hombre sediento en el agua de una fuente y agitarlo con mi mano como un pañuelo perfumado para esparcir recuerdos en el aire mi alma viaja en la onda como el alma de otros en la música tu pelo contiene un sueño entero lleno de velámenes contiene grandes mares cuyo oleaje me lleva hacia climas donde el espacio es más azul y más profundo la atmósfera se perfuma con frutos hojas y piel humana en el océano de tu cabellera entreveo biarritz el puerto repleto de cantos melancólicos con hombres vigorosos de todas las naciones y navíos de todas las banderas que recortan con sus arquitecturas finas y complicadas un cielo inmenso que se abandona al eterno calor en las caricias de tu pelo reencuentro la languidez de las largas horas pasadas en un avión de guerra en la proa de un navío de guerra acunada por el vaivén imperceptible del puerto entre macetas con flores y misiles de plutonio en el ardiente hogar de  tu  cabellera respiro el olor del tabaco mezclado con éxtasis y azúcar en la noche de tu cabellera veo resplandecer el infinito del cielo tropical de le marais en las orillas de terciopelo de tu cabellera me emborracho con los perfumes del alquitrán el almizcle y el aceite de coco entrelazados déjame morder esos hilos mucho tiempo porque cuando muerdo tu pelo elástico es como si me fuera comiendo los recuerdos

[[intervención bélica en la cabellera de anouk guiné sobre un tema de baudelaire: el_spleen_de_parís]]

 


ALESSANDRA TENORIO


Mi padre hablaba del tiempo como un invento suizo

Mi padre, el hijo de mi abuelo, el relojero
que me enseñó que el tiempo era una ilusión
que los relojes corrían de acuerdo a nuestras ansias
que los calendarios podían detenerse como aviones en picada.

Mi abuelo, que construía orologios
de tamaños diferentes que marcaban números inciertos,
que quería atrapar el tiempo para detener su partida.

Mi abuelo, el que no creía en los despertadores
porque sabía cómo funcionaban.
El que secuestró la puntualidad una tarde
y se la llevó lejos de aquí.

Mi abuelo, que se fue una mañana sin enseñarme
todo lo que no sé
y que me dejó pensando
que el tiempo no es más que un invento suizo
que solo sirve para encadenarnos.




ADRIANA MALNATI


Heridas

Estoy mordiendo mis dedos
Se están ajustando inhóspitos nudos en mi tráquea

Quiero un hacha con ojos de halcón
La potencia de una patada certera
En el silencio indiferente
de tu anti presencia

Mi perímetro ha desaparecido
Las voces, las teclas
Me suenan a nada
A ruido que atisba
mi instinto asesino

Quiero perderme en el paraíso
De mis colores densos
Ignorar la muerte de tu voz apagada
Distraer el llanto que postergo

Soy una revolución de fuego
Corre peligro cada forma que roce mi espacio
Corre peligro el que ose
Pronunciar una palabra negra

Se me desata una mirada sangrienta
Se aprietan mis dientes en señal de alerta
Y en mi mundo paralelo
Reviento todos los vidrios
Disparo aguijones hirviendo
En pupilas de ojos invasivos

Porque hoy soy furia contenida
Soy la herida de tu oido ignorante
La espada de hielo afilado
En tu labio carente de respuesta

Hoy soy la fiera encorvada
Con hambre de magenta
Clavando sus colmillos
En el aire
En el polvo

Mi exhalar agitado avizora una muerte inminente
Y puede que sea la mía.
 

03. En pocas palabras. Antología del microcuento liberteño






OBRA: En pocas palabras. Antología del microcuento liberteño.
AUTOR: Introducción, selección y notas de Rony Vásquez Guevara
GÉNERO: Narrativa breve (Microtextos)
DIMENSIONES: 11 x 17 cm.
PÁGINAS: 28
DEPÓSITO LEGAL BNP: N° 2012-11999

 
 
 
 
 
 
 
 
SOBRE EL AUTOR
Rony Vásquez Guevara (Lima, 1987). Cursó estudios de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM-Perú). Ha publicado minificciones y artículos en diversas revistas. Fue seleccionado por el Diario El Liberal (Santiago del Estero-Argentina) para la colección de escritores latinoamericanos. Ha publicado en 'Los comprimidos memorables del siglo XXI. Antología de minicuento y Ficción mínima' (www.ficcionminima.com). Ponente en temas de minificción en diversos congresos nacionales e internacionales. Director de la revista Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana. Integrante del Comité Editorial de la Internacional Microcuentista (www.revistamicrorrelatos.blogspot.com). Jurado del I Concurso Nacional de Microcuento “Solo 4 – 2011” (Perú) y de Concurso mensual Nº 141 La Marina – Junio 2011 (www.ficticia.com). Asimismo, dirige un taller virtual de microrrelatos desde enero de 2011. Miembro de la Asociación Literaria Dr. David Lagmanovich (Argentina) y Miembro Honorario del Grupo Literario Micrópolis (Perú). Organizó la Primera Jornada Peruana de Minificción (2011) y la Segunda Jornada Peruana de Minificción (2012). Presidió el coloquio Internacional de Minificción "Homenaje a Dr. David Lagmanovich"(2012). Publicó 'Cuadernillo de pulgas. Colección personal' (Lima, Editorial Micrópolis, 2011), 'Cuaderno de pulgas' (Lima, Pohemia Lux, 2011), 'Circo de pulgas. Minificción peruana. Estudio y antología' (1900-2011) (Lima, Editorial Micrópolis, 2012) y 'En pocas palabras. Antología del microcuento liberteño' (La Libertad, Ediciones OREM, 2012). Fundador y Editor de Editorial Micrópolis.
 

 

UNA PEQUEÑA TAJADA
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BREVE INTRODUCCIÓN AL UNIVERSO DE LAS BREVEDADES
PARA UN LECTOR CONSPICUO
Por Rony Vásquez Guevara

 
Cuando el lector más conspicuo se enfrenta a un texto brevísimo solía preguntarse ¿esto es literatura? ¿Acaso un chiste o una frase puede ser literatura? No podríamos imaginarnos si un lector así se enfrentara a la tediosa y vertiginosa lectura de “El dinosaurio” de Augusto Monterroso. Probablemente pensaría que se le estaría “tomando el pelo”, aunque su calvicie sea supremamente notoria. Sin duda alguna, en un primer momento, estos textos brevísimos fueron denominados textículos, cuentos brevísimos, cuentos en miniatura, cuentos poe, cuentos diminutos, y demás nombramientos que en su momento no prestaban la atención debida a esta modalidad discursiva. Al parecer, nuestros lectores conspicuos sin cabellos, no sabían qué hacer o cómo leerlos cuando se enfrentaban a la lectura de microrrelatos.
       Afortunadamente, desde las pioneras investigaciones de Dolores Koch, David Lagmanovich, Juan Armando Epple, y los más actuales estudios de Violeta Rojo, Nana Rodríguez, Lauro Zavala, Javier Perucho, Iréne Andres-Suárez, Francisca Noguerol, Fernando Valls, entre otros de ambos lados del Atlántico, demuestran que la minificción es el género de nuestros tiempos, por su brevedad, economía de tiempo y su fugacidad —muy acordes con el ritmo de vida de nuestros días. Ellos son los lectores conspicuos con cabellos nos han permitido abordar la lectura de esta nueva modalidad narrativacon.
       No obstante, no existe acuerdo entre los estudiosos pues algunos lo denominan minicuento, otros microrrelatos, y nosotros minificciones. Pero minicuento, microrrelato y minificción ¿son diferentes significantes para un mismo significado? ¿Son lo mismo? Entendemos, siguiendo a Lauro Zavala, que los minicuentos son textos narrativos de estructura tradicional o clásica cuyo desarrollo se presenta en tres momentos: inicio, nudo y desenlace; los microrrelatos, por el contrario, presentan una estructura moderna, es decir, pretende subvertir la estructura clásica de los textos narrativos, con lo cual puede prescindir de algún elemento estructural. Finalmente, en la minificción se observa la fusión de estos elementos estructurales y la hibridación genérica de los mismos; así, podemos leer algunos ensayos brevísimos, aforismos, dichos o demás brevedades como minificciones, siempre que —después de realizar un test de ponderación de narratividad— los textos cumplan con los requisitos de brevedad, concisión y ficcionalidad.
 
 
 
A continuación, presentamos algunos breves apuntes que ayuden al crecimiento del cabello de nuestros lectores más conspicuos*:
1.- El microrrelato es un texto narrativo extremadamente brevísimo.
2.- El proceso de desarrollo del microrrelato peruano fue y es paralelo al desarrollo de esta modalidad discursiva en la narrativa latinoamericana.
3.- Nuestros más grandes narradores y poetas cayeron en la tentación de escribir microrrelatos, aunque sin tener conciencia de ello.
4.- César Vallejo en su libro póstumo Contra el secreto profesional (1973) tiene algunos microrrelatos que presentan características actuales de esta modalidad narrativa: test de narratividad, brevedad, concisión y ficcionalidad.
5.- Los descendientes de Vallejo, liberteños por naturaleza y miniaturistas por tradición, cultivan el microrrelato con muy buena pluma y con el cuidado minucioso de un alfarero de la palabra.
 
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Las narraciones que integran esta antología provienen de escritores nacidos en el Departamento de La Libertad (Perú). Los narradores liberteños de esta modalidad discursiva dan prueba de que el microrrelato goza de un buen estado en la narrativa peruana. En sus textos podremos observar diversas temáticas que han sido cinceladas y talladas, palabra por palabra, para lograr la mejor expresión literaria.
       Finalmente, debemos agradecer a cada uno de los escritores antologados por permitirnos acceder a su obra y —especialmente— a Oscar Ramirez, editor de Ediciones OREM, por encomendarnos con tanta insistencia esta antología, pues sin su constante labor por la literatura peruana actual sería imposible que la minificción siga trascendiendo en nuestra narrativa.
 
* El lector conspicuo sin cabello son quienes no prestaron la atención debida a la minificción como literatura seria.

04. 'Autogolpe' de Juan Mauricio Muñoz Montejo




 
 
OBRA: Autogolpe
AUTOR: Juan Mauricio Muñoz Montejo
GÉNERO: Poesía
DIMENSIONES: 11 x 17 cm.
PÁGINAS: 28
DEPÓSITO LEGAL BNP: N° 2012-12724

 
 
 
 
 
 
 
 
 

SOBRE EL AUTOR
Juan Mauricio Muñoz Montejo (1984). En el 2008, obtuvo el 3er puesto en poesía y cuento en los XII Juegos Florales de la Universidad Ricardo Palma. El 2009 publicó el poemario El Lado Oscuro (Editorial De Los Cuatro Vientos, Argentina). Fue finalista en VII Concurso Internacional de Poesía y Teatro Castello di Duino (Italia, 2012). Ha participado en antologías como IV Antología bilingüe en italiano-español “Premio Internacional de Poesía Simón Bolívar” (Edizioni Lo Spazio, Italia, 2010), “Cuentos Alígeros” (Editorial Hipálage, España, 2010) y “Avisos (Des) Clasificados Vol II” (Editorial Cinosargo, Chile, 2009). Ha sido colaborador del diario “El Chompipe” (Tabasco, México). Es editor de la revista y el portal de periodismo independiente “La Higuerilla”.

 

UNA PEQUEÑA TAJADA
A continuación disfrutarás de un fragmento de la obra. Apreciamos tus comentarios.

 

       1

En el inicio
era el Hombre

(Adán)

y el Hombre
corroyó el pecado
con el seis
                 seis
                       seis,

(Eva)

el Hombre y la Mujer
fornicaron humanizando
descendientes:
surgieron los Hermanos

(Caín y Abel)

en las montañas
el Hermano asesinó
                     a su otro hermano

(el nuevo Hombre)

El Hombre edificó la ciudad
las generaciones se postraron
una tras otra

(¡Sobrevivir!)

la propagación de los Hijos
estaba consignado
a cambiar el esplendor miserable de la Humanidad

(Hijo, te enseñaré a amar al prójimo)
(Hijo, te instruiré a amar la Naturaleza)
(Hijo, aprenderás a subsistir)
(pero el mal siempre está presente)

los Hijos no entendieron las leyendas del Hombre
y lo atormentaron

(Iesvs Nazarenvs Rex Ivdaeorvm)

Siglo I…
              Siglo XXI

el origen de una nación:

La Selva de Cemento

 

01. 'La madurez del rubor' de Charles Farouck




 
 
 
OBRA: La madurez del rubor
AUTOR: Charles Farouk
GÉNERO: Poesía
DIMENSIONES: 11 x 17 cm.
PÁGINAS: 20
DEPÓSITO LEGAL BNP: N° 2012-12117


 
 
 
 
 
 
 
 
 
SOBRE EL AUTOR
Charles Farouck (Trujillo, 1987). Es docente de Lengua y Literatura. Forma parte del grupo literario Alejandra. Se dedica al arte en general: poesía, teatro y música; en esto último, como vocalista de la banda de rock-blues MARHAOS, acaba de editar su primer álbum, Baila.
La madurez del rubor es su primer poemario.

 

UNA PEQUEÑA TAJADA
A continuación disfrutarás de un fragmento de la obra. Apreciamos tus comentarios.


 
       1

Afuera Y aún más lejos
Fuera de mi alcance Es decir
Donde el cuerpo cuelgue a dos ganchos
Y tus ojos me sequen a un tendedero
Y tu voz me tiemble a un golpe sutil
Y tu calma no coincida con el luto de mis muertos
Quiero decir Allá

Donde la copa se alce en lo alto para celebrar tu nombre
Y los agostos cumplan veintinueve días cada año
Y la mirada se halle en las calles sin estar perdida
Y tu alboroto no coincida con mis brazos abiertos

Donde el cuerpo acuda al susurro Mas no al grito
Donde pare la paz Y no duele
Donde sea en poco cuando apareces
Pero por las noches Mucho más allá Que Aquí

Donde el pie no sufra el cemento
Y la raíz tampoco se resigne
Donde el espejo se aparee con la roca
Y nos retiremos del prójimo
Donde los ojos se apareen con la lágrima
Y nos toquemos solos
Donde se coja todo
Y a nadie le preocupe quedar sin nada
Donde el temblor de la alegría se críe en los comedores
Y el mundo cobre importancia en la madurez del rubor

Donde los hombres no se olviden de oler a tierra
Y el Hijo tema el dolor
Y se nos permita empezar desde cero
Que aquí
Brindar por el comensal que arroja gravemente su porquería
Los días que más nos necesitamos
Y nos vemos siempre repetidos en un plato Salvados
No es cosa ya de sobrevivientes
Tan solo De comida

 

Colección 'Hojas de Hierba'


Haz click sobre el título de cada obra y podrás acceder conocer más sobre el texto y el autor, así como leer un pequeño fragmento.


01. 'La madurez del rubor'
de Charles Farouck

02. '12 GRAMOS'
(antología poética que reúne a 12 poetas peruanos contemporáneos)

03. 'En pocas palabras. Antología del microcuento liberteño.'
Introducción, selección y notas de Rony Vásquez Guevara

04. 'Autogolpe'
de Juan Mauricio Muñoz Montejo

Ediciones OREM - Colecciones


Ediciones OREM presenta sus colecciones.



Colección 'La puerta abierta'
Narrativa de terror y suspenso




Colección 'Hojas de Hierba'
Plaquetas de poesía y narrativa breve (microtextos)


Esta página está en actualización.

Cuentos de otro mundo (antología)

  
OBRA: Cuentos de otro mundo (antología)
AUTOR: Varios
GÉNERO: Narrativo (cuentos/relatos)
DIMENSIONES: 12.5 x 20 cm.
PÁGINAS: 184
DEPÓSITO LEGAL BNP: N° 2012-11990
COSTO: S/. 18.00
 
LUGARES DE VENTA:
BOOK CENTER de Jr. Orbegoso # 548 (media cuadra de la Plaza de Armas)
BOOK CENTER de Jr. Ayacucho # 538 (costado del colegio Santa Rosa)

 
 


DESCRIPCIÓN
Siempre escuchamos hablar sobre la necesidad de fomentar el gusto por la lectura en los más jóvenes, pero ¿cómo promoverlo en la práctica con resultados concretos y positivos? He ahí la cuestión.
Así surgió Cuentos de otro mundo. Se trata de una selección de relatos, cuyos autores te invitan a compartir su concepción del mundo; mujeres y hombres que te muestran una visión muy singular de la vida, de la sociedad y de las relaciones, ahondando en las pasiones y en cuantas emociones pueda suscitar su lenguaje y su poder de fabular. Es, en definitiva, ese “otro mundo” el que te presentamos y compartimos. Ojalá que su lectura te permita internarte en él y disfrutar de su valía.

Colección 'Extramuros'-3 - 'La caída del equilibrista'


Ediciones OREM presenta el tercer tomo de su colección de poesía latinoamericana 'Extramuros'.


Colección 'Extramuros' - 3






OBRA: La caída del equilibrista
AUTOR: Czar Gutiérrez (Perú)
GÉNERO: Poesía
DIMENSIONES: 17 x 17 cm.
PÁGINAS: 78
DEPÓSITO LEGAL BNP: Nº – 2012-07851
ISBN: 978-612-46231-4-1
COSTO: S/. 15.00


 
 
 
 
 
 
 
los pobladores de estas páginas son acróbatas del dolor tenuemente sombreados por la luz (de la luna) sumergidos (dislocados) en un vacío evanescente (donde nunca terminan de caer) deambulando por los meandros de un tiempo límite (onírico, apocalíptico, funerario) de insolencia ante lo divino (de violencia en el amor). poética de ruptura avant garde y sustrato indie (considerablemente celebrada durante su aparición: años noventa) se sigue elevando en el melancólico andamiaje de los mejores libros de poesía de fin de siglo
(anouk guiné, parís 2012)




Reeditamos La Caída del Equilibrista (1997), ópera prima de Czar Gutiérrez, con un poema adicional. Posteriormente, instalado en Nueva York, escribiría 80M84RD3R0 (2008), artefacto transgenérico de vanguardia unánimemente considerado el experimento literario más importante de los últimos 30 años en el Perú, cuyas versiones en inglés y francés se editarán el 2013. LC del E será publicada también en inglés (Argos Books, 2013). Acaba de publicar el poemario J (Hueso Húmero, 2012). Vive en París dedicado a escribir furiosamente su nueva novela.




 
 
 

Las actividades culturales que se vienen esta semana con Ediciones OREM




Actividades en la 7ma Feria del Libro de la UPAO (Trujillo-Perú)
 
 
 
Taller poético que dictará el editor y director de Ediciones OREM

Colección 'Extramuros'-2 - 'Cristo barroco'


Ediciones OREM presenta el segundo tomo de su colección de poesía latinoamericana 'Extramuros'.



Colección 'Extramuros' - 2





OBRA: Cristo barroco
AUTOR: Daniel Rojas Pachas  (Chile)
GÉNERO: Poesía
DIMENSIONES: 17 x 17 cm.
PÁGINAS: 58
DEPÓSITO LEGAL BNP: Nº – 2012-07848

ISBN: 978-612-46231-1-0

COSTO: S/. 10.00
 
 
 
 
 
 
 
Cristo barroco de Daniel Rojas Pachas se inscribe en esa tradición en la que, como lectores, nos sentimos más cómodos: una tradición discontinua y, por tanto, inexistente. Una tradición en que las obras no evolucionan ni son superadas, donde todo es dispersión; y la escritura, un riesgo constante.
La pregunta por la originalidad aquí es la pregunta por los signos que pueden derrocharse. Así, los epígrafes, las citas a Enrique Lihn, Luis Hernández, Bolaño, la incursión biográfica, son estrategias sujetas a constantes desplazamientos de contexto, rehuyendo a la vez que rondando el vacío que queda allí en medio.
El autor de Cristo barroco es, antes que nada, un lector.

Víctor Quezada
Poeta y Crítico Literario
Director de revista La Calle Passy 061.
 
 
 
 
Daniel Rojas Pachas (Lima, 1983) es escritor, Magíster en Ciencias de la Comunicación y Profesor de Literatura egresado de la Universidad de Tarapacá. Reside en Arica-Chile donde ejerce la docencia Universitaria. Fundador y Director de Cinosargo Ediciones.
Ha publicado los poemarios Gramma (2009), Carne (España, 2011; 2da edición con Cinosargo) y SOMA (Editorial Literal, México, 2012). Su obra poética ha sido traducida al inglés y búlgaro. En investigación, publicó el ensayo Realidades Dialogantes, por el cual fue beneficiado el 2008 con el Fondo Nacional de Fomento del Libro que otorga el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. Como ponente, ha participado en importantes congresos en Perú, Bolivia, Argentina y Chile; y en encuentros internacionales de poesía como La Colectiva (Perú, 2010) y El Vértigo de los Aires (México, 2011). Actualmente sus publicaciones aparecen periódicamente en revistas literarias nacionales e internacionales, y ha sido seleccionado para formar parte de numerosas antologías de poesía en diversos países.