La ficción de Yelinna Pullity (comentario al libro 'El valle y otras historias fantásticas')



  

Conocí a Yelinna Pulliti en 2007, en la primera reunión a la que asistí del grupo Coyllur (de aficionados a la fantasía, el terror y la ciencia ficción), tertulia que me permitió conocer a varios escritores y editores muy importantes del género fantástico en nuestro país: Daniel Salvo, Isaac Robles, Víctor Pretell, Luis Bolaños, Adriana Alarco, entre otros. Yelinna Pulliti tenía una personalidad arrolladora y pertenecía a una estirpe de seguidores de lo fantástico que, entusiasmados por dicha vertiente, comenzaron a escribir sus propios cuentos.

Pero pongamos las cosas en orden. Existe una enorme diferencia entre el escritor aficionado y aquel que lleva la literatura en las venas. Pulliti posee esa extraordinaria mezcla de vocación y talento. Ya por los años en que yo publicaba mis primeros textos, ella detentaba una ingente producción que abarcaba la fantasía, el misterio, el horror y la fantasía científica. Había sido publicada en antologías en España (en papel y en la red), en revistas virtuales del género. Y, desde luego, su trabajo podía leerse en revistas peruanas como la virtual (y excepcional) Velero 25, o blogs difusores como Ciencia Ficción Perú. El año en que la conocí la invité a colaborar con un relato en mi (aún en espera de resurrección) revista Argonautas, dedicada a la literatura fantástica. Colocó relatos en el tercer y cuarto números. Ahora colabora en mi fanzine El horla, que continúa la misma línea imaginativa. No nos olvidemos de las antologías: ha participado en varias, dos de ellas dedicadas al Plan Lector. Porque Pulliti es una autora versátil, auténtica, su ficción es interesante, y puede encuadrarse en lo que yo denominaría «fantasía siniestra», vertiente heredera de las películas de serie B.


El estilo de Yelinna posee ecos de Richard Matheson y Eric Frank Russell. La literatura de esta joven autora puede ir de lo inquietante a lo evocador, de lo electrizante a lo emotivo. No he de negar que muchas veces la intencionalidad en sus textos es notoria, pero, ¿no es la literatura acaso un medio para señalar problemas sociales e individuales? Señalar, sí, porque esta narradora es bastante hábil para diseñar sus ficciones, para estructurarlas de tal manera que el lector piense, es decir, se quede con la historia durante buen tiempo. No he dicho que el receptor reflexione, he dicho: piense. Quizá por ello Pulliti escribe ciencia ficción pues no existe género que analice mejor los problemas humanos que nos aquejan. La variedad de temas que dicha corriente nos ofrece es monstruosamente amplia (y esto no es solo una idea mía). Esa visión del porvenir de la humanidad siempre será una cruz (y tal vez una bendición, ya que pensar en un futuro indica que éste podría existir) que tendremos que cargar por siempre.


Aunque los cuentos de este volumen no se ambientan en el futuro de modo explícito, sí tocan la famosa premisa de la fantasía científica: ¿Qué pasaría si? Así, el último relato del cuaderno, Una mascota ideal, penetra en el mundo de los laboratorios genéticos para indicarnos que jugar a Dios no es del todo saludable para el hombre. ¿Cuándo lo ha sido? Veamos: a través de la historia la


Los personajes de Pulliti son novedosos, piensan, sienten, dicen y hacen. Nótese que todo esto se logra en una intensa brevedad. La autora adora la narración corta, la ha desarrollado de manera eficaz los últimos años. De manera excelente, diría yo, y no exagero. Ahora vayamos de adelante hacia atrás. Los cuatro primeros relatos son fantásticos. La fantasía es también un medio para tocar todo tipo de temas humanos. Lo interesante en esta sección es que el conflicto se halla más cerca del hombre o de la mujer, como individuos solitarios, como personas que recién se conocen, como familiares. El valle es una maravilla, en pocas líneas se dibuja la angustia del protagonista, es un cuento atmosférico, donde cada palabra es la pieza ideal de un rompecabezas perfecto. Conversación en el cementerio es otra joya (todos los cuentos de este libro son joyas preciosas, pero esta ficción está entre mis favoritas); aquí lo fabuloso es aceptado como normal, lo fantástico es representado por un personaje, el cual dialoga con otro, símbolo de la normalidad. Ese choque entre entidades de mundos distintos es invaluable pues se da de golpe. Esto refleja la gran habilidad de la autora para hacer que el lector ingrese en un universo sobrenatural de modo súbito, sin que se lo espere, sin dedicar extensas líneas al desarrollo de otros aspectos narrativos. Para ello recurre a solventes técnicas. En Toda una vida, por ejemplo, crea un ambiente de cotidianidad para hacer que el lector se sienta cómodo y se identifique con los personajes. De inmediato ingresa el elemento de quiebre: una muñeca vengadora. Nos sorprende, sí, y lo absorbemos con naturalidad porque la autora nos ha preparado para ello sin que nos diésemos cuenta. Lo mismo ocurre en el siguiente texto, La disolución del alma, en el cual se nos allana el camino en su primer y brevísimo capítulo. Excepcional narración que me pareció también muy original y muy terrorífica.


Pulliti perturba al lector de mil maneras, sobre todo cuando sus personajes se percatan de sus gravísimos errores. Hablemos de la habilidad de la autora para manejar lo fantástico. ¿Cómo ha logrado una escritora joven tal hazaña? Muy sencillo: tiene el don dentro de ella, tiene otras cosas también: preparación, décadas leyendo y analizando los géneros que nos ocupan, una fina observación de las ficciones de los grandes maestros. Puedo rastrear las influencias de Pulliti hasta la narrativa fantástica del siglo XIX, Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant, Ambrose Bierce, Mary Shelley, la célebre autora de esa obra suprema: Frankenstein o el moderno Prometeo.


Sería incorrecto decir que Pulliti escribe homenajeando a tal o cual genio literario. Ella es dueña de un estilo propio, novedoso, que ha estado sorprendiendo a propios y extraños desde hace varios años. Aunque hay una selección de sus mejores cuentos en su web (todos ellos, muy recomendables), me parece loable que siete de sus relatos aparezcan por primera vez en un libro. Felicito a los editores que apuestan por su arte, saldrán vencedores. Pocos narradores en nuestro medio, a tan temprana edad, poseen un estilo tan pulido, tan nítido, tan… Me he extendido mucho con este prólogo, ¿no? Por favor, lector, pase ya a disfrutar estos cuentos. Ellos dirán mucho más de lo que yo he dicho.



Carlos Enrique Saldivar
Lima, 2012