Extramuros



Cristo barroco, de Daniel Rojas Pachas

Cristo barroco de Daniel Rojas Pachas se inscribe en esa tradición en la que, como lectores, nos sentimos más cómodos: una tradición discontinua y, por tanto, inexistente. Una tradición en que las obras no evolucionan ni son superadas, donde todo es dispersión; y la escritura, un riesgo constante. La pregunta por la originalidad aquí es la pregunta por los signos que pueden derrocharse. El autor de Cristo barroco es, antes que nada, un lector. (Víctor Quezada)


La caída del equilibrista, de Czar Gutiérrez

los pobladores de estas páginas son acróbatas del dolor tenuemente sombreados por la luz (de la luna) sumergidos en un vacío evanescente (donde nunca terminan de caer) deambulando por los meandros de un tiempo límite (onírico, apocalíptico, funerario) de insolencia ante lo divino (de violencia en el amor). poética de ruptura avant garde y sustrato indie (considerablemente celebrada durante su aparición: años noventa) se sigue elevando en el melancólico andamiaje de los mejores libros de poesía de fin de siglo (Anouk Guiné)





A espaldas de Dios, de Ana Minga

Ana Minga está en el campo de las rebeldías poéticas, trabaja conceptos, ideas, principios, análisis de cómo el mundo, humanamente, se convierte en basura. Es la poesía de la conciencia, de la reflexión distanciada al vitalismo en resistencia, del vanguardismo crítico al realismo más contundente, de la historia de la memoria al ejercicio de la ironía, del impulso visionario a las prácticas saludables de la lucidez. (Fausto Aguirre)